La política pierde todo su sentido cuando los intereses partidistas o las diferencias personales se imponen sobre el interés general. Lo ocurrido en la Asamblea con el rechazo a la propuesta presentada por Carlos Verdejo para ampliar la información sexual dirigida a los jóvenes deja una sensación difícil de justificar ante la ciudadanía. No porque la iniciativa procediera de un determinado partido o diputado, sino porque el debate debería haberse centrado exclusivamente en la utilidad de la medida.