Con aproximadamente mil fanzines situada en la Biblioteca Iván Vargas de Madrid, dispone de una colección y también un Festival denominado FANZIMAD.
Con aproximadamente mil fanzines situada en la Biblioteca Iván Vargas de Madrid, dispone de una colección y también un Festival denominado FANZIMAD.
Hay días en que una ciudad deja de reconocerse a sí misma. Este verano, Ceuta ha vivido uno de esos días convertido en semanas: playas invadidas de madrugada, familias que cerraban sus comercios sin saber si al abrir de nuevo encontrarían su vida de siempre, vecinos que salían a proteger sus barrios porque nadie más parecía estar cuidándolos a tiempo. No hace falta repetir cifras para sentir el peso de lo que ha pasado. Basta con haber estado aquí, o con haber llamado a un hijo, a una madre, a un vecino, para saber que el miedo entró en las casas antes que cualquier discurso político.
Una ciudad colapsada, con personas que han cruzado ilegalmente una frontera; niños encerrados en sus casas durante el verano; señoras mayores llorando desde sus balcones, viendo con impotencia cómo su ciudad cambia delante de sus ojos; vecinos que salen a la calle, denuncian lo que está pasando y nadie los escucha; gente que se pasa días sin dormir por culpa de las peleas nocturnas; y, por supuesto, personas que se gastan 70 € en ropa de marca para, acto seguido, recoger su bolsa de comida en la Cruz Roja.
La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) ha puesto sobre la mesa un problema que llevaba semanas latente en Ceuta: los militares desplegados en la ciudad para apoyar a la Guardia Civil ante la crisis migratoria carecen de un marco claro que les permita ejercer la legítima defensa con medios adecuados y de forma proporcionada. La asociación ha exigido a Defensa que ninguna orden impida ese derecho ante una agresión ilegítima actual o inminente, y reclama además medios, formación y protocolos específicos.
Esta semana Ceuta ha vivido algo que muchos temíamos desde hace tiempo: un rumor sin confirmar, una nota falsa sobre un supuesto traslado de inmigrantes al Fiscer y a la antigua fábrica de harina, ha bastado para sacar a cientos de personas a la calle, cortar el tráfico y provocar agresiones físicas y verbales contra inmigrantes y periodistas. No hace falta ser mayor para recordar que esto ya lo vivimos, con nombres y consecuencias distintas, en octubre de 1995, en el Ángulo. Que treinta años después sigamos siendo tan vulnerables a un bulo debería preocuparnos mucho más de lo que lo hace.
Desde UGT RTVE rechazamos las agresiones que se están produciendo contra nuestros compañeros y compañeras en Ceuta. Unos ataques que aumentan día a día de forma preocupante, y que han culminado hoy con el lamentable ataque sufrido por nuestra compañera, uno más de una larga sucesión de agresiones intolerables a la libertad de información.
La derecha española ha conseguido construir un relato en el que Ceuta aparece principalmente como una ciudad abandonada a su suerte por el Gobierno central, y en el que la inmigración se presenta como una amenaza indiscriminada a la seguridad, la salud y la identidad nacional.
El Gobierno central ultima en estos días un paquete de ayudas para Ceuta que, sumado, representa una de las mayores inyecciones de fondos que ha recibido la ciudad en los últimos años. El Consejo de Ministros del próximo martes aprobará un fondo de 25 millones de euros destinado a la atención de menores, que servirá entre otras cosas para financiar el traslado de varios cientos de ellos a la Península.