El calor siempre ha formado parte de los veranos, pero las temperaturas extremas que se repiten cada año con más frecuencia han dejado de ser una simple incomodidad para convertirse en un problema de salud pública. Las alertas se suceden, los termómetros baten récords y, sin embargo, todavía existe cierta tendencia a restar importancia a un riesgo que puede tener consecuencias muy graves.