Ceuta lleva años intentando vender una imagen moderna, abierta y atractiva, pero cuando llega la programación cultural vuelve a tropezar con la misma piedra: la falta de ambición. El comentario en la calle es prácticamente unánime. La temporada cultural presentada este año no ha terminado de convencer a casi nadie y la sensación general es la de una oferta pobre, repetitiva y muy alejada de lo que demanda el público.