Lo que ha vivido Ceuta no puede maquillarse con eufemismos. No estamos ante una mera crisis humanitaria ni ante un simple desbordamiento fronterizo. Hemos sufrido una agresión política y territorial que ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestra frontera y la indignidad de quienes, desde fuera y también desde dentro, han reaccionado tarde, mal y con una pasmosa cobardía institucional. Ceuta ha quedado expuesta durante muchísimas horas y ha estado prácticamente abandonada a su suerte. Primero llegaron los que se lanzaron al mar, empujados por la desesperación y el drama de quienes son utilizados como carne de cañón.

