Hay momentos en los que las siglas deben quedarse a un lado.
Hay momentos en los que las siglas deben quedarse a un lado.
He dedicado más de cincuenta años de mi vida a la defensa de los derechos humanos, convencida de que la dignidad de la persona está por encima de cualquier ideología o interés político. Por eso no puedo permanecer en silencio ante lo que está ocurriendo en Ceuta.
Ceuta, esa ciudad de la que tantas veces se habla para destacar sus virtudes, se apaga poco a poco. Somos muy propensos a buscar culpables concretos: que si Pedro Sánchez alienta esta “invasión”, que si el ministro del Interior gestiona mal la situación y debe dimitir, como han reclamado Juan Sergio Redondo, portavoz de Vox Ceuta, o Pablo Fernández, secretario general de Podemos en Castilla y León.
Ayer pasé más de seis horas dentro del agua. Por eso me atrevo a escribir estas palabras.
Nada varía. Todo sigue igual cuando hablamos de inmigración ilegal. Todos los días se viene reproduciendo el mismo hecho, la misma circunstancia: la violación de nuestro perímetro fronterizo por mar o por tierra y sí, a veces, a costa de sus propias vidas y lo peor es que hasta que no se tome la decisión de devolverlos no se acabará con este fenómeno. Cambiando la ley, naturalmente.