H.G. Wells imaginó en La máquina del tiempo una humanidad dividida en dos especies: los Eloi, que vivían en la superficie, en la luz y la aparente civilización, y los Morlocks, que habitaban en el subsuelo, en la oscuridad, y que emergían para alimentarse de los primeros. La novela, publicada en 1895, era una metáfora de la lucha de clases y de la barbarie que se oculta bajo la superficie de la civilización. Casi siglo y medio después, la ciudad autónoma de Ceuta parece haberse convertido en el escenario involuntario de una versión contemporánea de aquella distopía. Bajo las calles de la ciudad, en túneles y cuevas costeras que comunican con el otro lado de la frontera, operan quienes no aparecen en las estadísticas oficiales, quienes no solicitan asilo, quienes no se registran en los centros de acogida. Son los Morlocks de Ceuta: redes de narcotraficantes, células yihadistas y traficantes de personas que utilizan los pasadizos subterráneos para penetrar en territorio español sin ser detectados.