El ingreso en prisión de Martiño Ramos no es solo el final de una huida, es el recordatorio de una de las caras más oscuras de nuestra sociedad: la traición absoluta a la confianza y la vulnerabilidad de una menor. Que además intentara escapar de la justicia, cruzando fronteras para evitar cumplir su condena, añade un componente de desprecio que resulta difícil de digerir.

