Ceuta no puede seguir esperando. La realidad de nuestra ciudad exige un compromiso que vaya más allá de las promesas electorales y se traduzca en hechos tangibles. Hablar de la construcción de 3.000 viviendas no es un capricho estadístico, sino una necesidad vital para garantizar el derecho a un hogar digno y frenar la asfixia inmobiliaria que sufren miles de familias ceutíes. Sin techo no hay estabilidad, y sin estabilidad no hay progreso.
