Cuando se lanzó la campaña turística “Ceuta. Menos de lo mismo”, más de uno arqueó la ceja. En un mundo donde todos los destinos prometen ser únicos, inolvidables y diferentes, apostar por el “menos de lo mismo” sonaba casi a rendición. La propuesta de la Ciudad Autónoma de Ceuta parecía un chiste interno difícil de entender, un mensaje críptico en medio del ruido publicitario de playas paradisíacas y sonrisas de catálogo.
