Ceuta tiene una historia compartida entre sus tradiciones religiosas y su alma militar. Es una relación que no necesita explicación, porque basta con mirar una procesión para entenderlo: legionarios escoltando al Cristo de la Buena Muerte, gastadores con hábito nazareno o tambores que suenan con marcialidad y devoción. Por eso, cuesta entender que el Consejo de Hermandades y la Comandancia General aún no hayan formalizado un acuerdo estable que refuerce esta unión que tantos frutos ha dado.