Han pasado ya más de dos semanas desde los lamentables sucesos de la frontera de El Tarajal, y miles de personas indocumentadas siguen paseándose por nuestra ciudad. Los ceutíes hemos pasado ya por varias etapas, algunas concurrentes: desconcierto al principio, miedo, hartazgo, impotencia y, finalmente, abandono. Son palabras fáciles de escribir, pero difíciles de entender si no lo vives in situ. Sentir que quien te debe proteger no está a tu lado en momentos como los ocurridos en Ceuta genera una sensación de orfandad que viene acompañada de una ansiedad que se cronifica día tras día. Pero lo verdaderamente peligroso es que lleguemos a acostumbrarnos a esta situación. Y yo no quiero acostumbrarme. Y tampoco quiero quedarme de brazos cruzados mientras espero, mirando el móvil, a que alguien venga a solucionar el problema. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos cuando nuestro Gobierno no responde a nuestra llamada de auxilio con la rapidez que exige la crisis?