Hay momentos en los que la geografía pesa más que nunca. Canarias, por su ubicación, se ha convertido en la puerta de entrada de miles de migrantes que llegan a Europa jugándose la vida en el Atlántico. Y lo cierto es que el archipiélago no puede —ni debe— gestionar en solitario una situación que, en realidad, afecta a todo el continente. Por eso, la petición del Gobierno a la Comisión Europea para que facilite la distribución de migrantes a otros países miembros no es ningún capricho: es puro sentido común.
