Cada vez que surge un conflicto internacional, vuelve el mismo eslogan: el “no a la guerra”. Y enseguida parece que algunos quieren ponerle propietario. Como si la defensa de la paz fuera patrimonio exclusivo de la izquierda, o una especie de marca registrada de gobiernos como los de Pedro Sánchez o José Luis Rodríguez Zapatero. Pero no. La paz, sencillamente, no es de nadie… porque es de todos.
