Si hay algo que nos enseñan nuestros mayores es que la vida está para vivirla. Y qué mejor ejemplo que verlos disfrazados, riendo y bailando en su tradicional Fiesta de Carnaval. Porque la edad no es una barrera para la alegría, y ellos lo saben mejor que nadie. Durante años han trabajado, criado a sus familias y superado dificultades, así que merecen, más que nadie, disfrutar de cada momento.