La petición para que Ceuta y Melilla sean reconocidas como “Ciudades Europeas del Mediterráneo Sur” por parte de la Unión Europea no es solo legítima, sino también necesaria. Ambas ciudades llevan décadas defendiendo los valores europeos en un contexto geográfico, político y social tremendamente complejo. Su ubicación estratégica las convierte en puentes entre continentes, pero también en territorios expuestos a una presión constante que requiere apoyo real, no solo gestos simbólicos.