Es cierto que las cifras han bajado. En lo que llevamos de 2025, han entrado en Ceuta 592 migrantes, casi la mitad que en el mismo periodo del año anterior. A simple vista, puede parecer un dato positivo, un respiro. Pero basta con rascar un poco para darse cuenta de que el problema de fondo sigue ahí: Ceuta sigue siendo punto de entrada constante y desproporcionado de una presión migratoria que, por mucho que se disimule en los despachos, es insostenible para una ciudad con recursos limitados.