A veces hablamos de “accesibilidad digital” como si fuera un lujo, un extra simpático para embellecer las webs y las apps. Pero en Ceuta, el arranque de la Semana de la Discapacidad nos ha recordado que no se trata de adornos, sino de derechos. Las llamadas barreras invisibles —esos textos sin contraste, menús imposibles de navegar o formularios que requieren una vista de halcón— son tan reales como un escalón mal puesto en la calle.