A veces se nos olvida que aprender no tiene por qué ser aburrido. Durante años, la educación ha arrastrado ese sambenito de listas interminables, memorización sin contexto y exámenes que poco tienen que ver con la vida real. Por eso, iniciativas que apuestan por enseñar a través del juego no solo son bienvenidas, sino necesarias. Porque cuando uno se divierte, aprende casi sin darse cuenta.