La reciente liberación de presos políticos en Venezuela —incluyendo opositores, activistas y periodistas— marca un giro histórico, aunque todavía débil, en una realidad que parecía inamovible bajo los muros del chavismo. La excarcelación, que ha devuelto a sus familias a algunos de los que llevaban años entre rejas, se produjo en medio de una crisis política sin precedentes tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, acusado de narcotráfico y terrorismo. Para muchos, estas libertades son un soplo de esperanza; para otros, apenas un gesto calculado en un tablero geopolítico mayor.

