En un mundo donde la cifra bruta parece haberse convertido en dogma, titulares como “Japón tiene una deuda del 252 % del PIB y no se hunde” se replican como un mantra que justifica la laxitud fiscal en otras latitudes. No obstante, esta comparación es falaz y peligrosa. Japón y Estados Unidos no son intercambiables. Sus estructuras económicas, sus fundamentos monetarios y su composición inversora se parecen tanto como un bonsái a un sequoia.

