Haz un ejercicio. Cierra los ojos un segundo y piensa en qué año naciste. Ahora piensa: ¿cuántos presidentes ha tenido Ceuta desde entonces?
Haz un ejercicio. Cierra los ojos un segundo y piensa en qué año naciste. Ahora piensa: ¿cuántos presidentes ha tenido Ceuta desde entonces?
Hay una frase atribuida a Aristóteles que dice que «la dignidad no consiste en recibir honores, sino en merecerlos». En política podría adaptarse fácilmente: la credibilidad no consiste en repetir un discurso, sino en que los hechos lo sostengan.
Hay una madre en Ceuta que lleva un año entero peleando por su hijo. Llamando al colegio. Pidiendo citas. Esperando informes. Escuchando que "están en ello". Y llegando a junio con la misma sensación con la que empezó septiembre: la de que nadie, en ningún despacho, ha asumido la responsabilidad de garantizar que ese niño recibe lo que necesita y a lo que tiene derecho.
Hay circunstancias especiales en las que las urnas dejan de ser el único campo de batalla político. En Ceuta, el escenario electoral, hoy por hoy, es poco o nada determinante. Cuando un mismo poder se perpetúa durante décadas, controla los principales resortes institucionales, condiciona la economía y convierte la administración en el principal sustento de miles de familias. La confrontación electoral deja de desarrollarse en condiciones de verdadera igualdad. En ese momento, la batalla cambia de escenario.
Hay ciudades que crecen. Hay ciudades que se transforman. Y hay ciudades que aprenden a sobrevivir con lo que les llega de fuera. Ceuta lleva demasiado tiempo en esa tercera categoría.