No hemos asistido nunca a unas sesiones de las Cortes más indignas que las que han llevado a Sánchez a ser investido como Presidente del Gobierno de España. Indignas no solo por lo escuchado en boca de nacionalistas casposos, independentistas pro-sedición o los herederos políticos de ETA, sino sobre todo por el cómplice silencio general del PSOE y muy especialmente por las tragaderas de la tercera autoridad del país como es la Presidenta del Congreso, permitiendo adquirir la condición de Diputado de cualquier manera, sin llamar al orden de ninguna forma ante graves insultos al Rey o a la democracia en nuestro país, y por tanto al conjunto de todos los españoles.