Se habla mucho de la Constitución, pero son pocas las personas que la respetan y muchas las que la usan según el momento, el antojo o la conveniencia. Pero no voy a mencionar a esa parte de la población, ahora reflejada en un partido político, que actúa bajo el prisma de la involución antidemocrática. Lo que hoy voy a evidenciar, además de volver a recalcar mi profunda admiración por una época constituyente y transformadora, que supo poner orden a la sinrazón, por medio del diálogo y el entendimiento mutuo, es el deber de dar lugar y espacio a las mujeres.