Cada verano trae consigo millones de desplazamientos, prisas por reservar y ganas de desconectar. Y, desgraciadamente, también trae a quienes ven en esas circunstancias una oportunidad para engañar a los demás. Las estafas con billetes de barco en la línea del Estrecho son una prueba más de que la picaresca se ha adaptado perfectamente a la era digital.