Ayer domingo, a las nueve y media de la mañana, un sismo de magnitud 2,5 recordó a los ceutíes que la solidez del asfalto es una ilusión. El epicentro, situado en el norte de Marruecos, hizo vibrar las ventanas y el mobiliario de las zonas altas de la ciudad, desde el inicio del Monte Hacho hasta las barriadas más expuestas. No hubo daños materiales ni personales; apenas fue un leve temblor que, sin embargo, desató una inmediata oleada de comentarios en las redes sociales. Un susto dominical que se digiere rápido, pero que deja un poso de inquietud flotando en el ambiente.