Ni la lluvia ni el cielo plomizo pudieron frenar a los autónomos ceutíes que este domingo decidieron plantarse y decir basta. Y lo hicieron con la firmeza de quien lleva años tragando burocracia, cuotas desproporcionadas y la sensación amarga de que nadie en la administración escucha. Lo que vimos en las calles de Ceuta no fue una protesta más: fue un grito colectivo de dignidad.