Ceuta vuelve a amanecer en alerta por tormentas y, como tantas otras veces, la lluvia no solo moja las calles: también pone en evidencia nuestras costuras. Basta que el cielo se cierre un poco para que planes, agendas y celebraciones navideñas se suspendan o se muden a toda prisa. No hablamos de un diluvio bíblico, sino de un temporal previsible que, aun así, logra paralizar a la ciudad.