El temporal que azota el país estos días no es cualquier chaparrón de primavera: es un recordatorio de que la naturaleza, cuando se enfada, impone su ritmo. El Gobierno no ha tenido más opción que cerrar parques, suspender actividades al aire libre e incluso cancelar las clases de este miércoles. Una decisión que, aunque incómoda para muchas familias, demuestra que la seguridad debe estar por encima de la rutina diaria.