Cada vez que Marruecos vuelve a agitar el tema de Canarias, Ceuta o Melilla, el Gobierno de España responde con una tibieza difícil de entender. Y mientras Rabat juega a presionar, en Moncloa parecen más preocupados por no incomodar a nadie que por defender con claridad lo que es indiscutiblemente español.

