Después de setenta y tres días privado de libertad, parece que todo transcurre como una balsa de aceite en la ciudad. El desempleo, la falta de industria, la analfabetización, la pobreza o la sanidad precaria, entre otros muchos problemas, parecen haber desaparecido gracias a que Guerrero ahora mismo está fuera del panorama político. Existe una aparente calma.

