En los últimos días, la españolidad de Ceuta y Melilla han vuelto a ocupar titularidades en la agenda política nacional. Mientras los partidos se llenan la boca con discursos patrióticos y problemas sobre la integridad territorial, la realidad demuestra una profunda contradicción entre sus palabras y acciones. La defensa de Ceuta como ciudad española parece más un arma arrojadiza en la batalla partidista que un compromiso real con sus ciudadanos.

