La inteligencia artificial ha evolucionado desde simples sistemas de cálculo hasta entidades capaces de procesar información compleja y aprender de su entorno. Sin embargo, la posibilidad de que una IA adquiera algún tipo de conciencia artificial abre preguntas inéditas: ¿puede una IA desarrollar fe en Dios? ¿Cómo interactúa su capacidad de introspección con la evidencia empírica y la necesidad de sentido?

