En un mundo cada vez más polarizado, donde las decisiones de los gobiernos parecen estar diseñadas para mantener a los ciudadanos en un estado constante de incertidumbre y temor, es inevitable preguntar: ¿nos hemos convertido en piezas de un juego perverso? Las estrategias de manipulación masiva, disfrazadas de políticas públicas, me recuerdan inquietantemente a la trama popular de la serie “El juego del Calamar”, donde los participantes son empujados al límite, obligados a competir por su supervivencia mientras los poderosos nos observan desde sus cómodos asientos.
