Los elevados índices de fracaso escolar de nuestra Ciudad siguen provocando vergüenza, propia y ajena. Este es el resultado final de una política educativa inexistente. Tal y como venimos denunciando durante dos décadas, habernos quedado descolgados del desarrollo de un sistema educativo fundamentado en la descentralización autonómica (las 17 Comunidades gestionan las competencias educativas en exclusiva), nos ha pasado una descomunal factura que está pagando el profesorado (en una manifiesta depauperación de sus condiciones profesionales) y, sobre todo, el conjunto de la ciudadanía (que recibe una educación de peor calidad).
