Las excentricidades y el nepotismo de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, es propio de la mala educación y formación recibidas; ha contratado en el Ayuntamiento a su pareja, Adriá Alemany (ocultando su sueldo) que, años atrás y disfrazado de superhéroe, irrumpía en mítines oficiales en su lucha contra la especulación y arbitrariedad de los políticos: justo lo que ellos hacen ahora. Ha contratado también a Águeda Bañón, a la que hemos visto orinando de pie en la Gran Vía de Murcia mientras fumaba un cigarro, para reivindicar la liberación sexual de la mujer, como si no hubiera una forma más coherente y racional de exigir un derecho. Ada Colau ha justificado estas conductas. Pero lo más grave, ha sido su orden de retirar del Festival Sónar de Barcelona a la policía de paisano que controla los robos y el tráfico de drogas, en contra de la debida protección al ciudadano; a la media hora de dar esa orden, la alcaldesa apareció por el Festival. No se entiende que esa obligada protección sea cancelada irresponsablemente; cualquier lugar civilizado tiene esos servicios esenciales de vigilancia. Tampoco se entiende que, ausentes ya esos guardias, Ada Colau acuda a ese mismo Festival ¿Por qué fue allí la Alcaldesa una vez que ya no estaba la policía en el Festival?
