Es triste confundir fracaso con dignidad. Mucho se ha hablado del fracaso de la izquierda, unas veces de forma melancólica y con ciertos tintes de heroicidad y maldición a la vez y otras veces ridiculizando esa aparente tendencia suicida al fracaso.
Es triste confundir fracaso con dignidad. Mucho se ha hablado del fracaso de la izquierda, unas veces de forma melancólica y con ciertos tintes de heroicidad y maldición a la vez y otras veces ridiculizando esa aparente tendencia suicida al fracaso.
La ONU o los grandes organismos internacionales deberían promocionar e incentivar, que las religiones, todas tuviesen un Foro Permanente, en algún lugar del mundo, dónde pudiesen estar representadas todas las religiones, y ellas también pudiesen decir y expresar algo del y sobre el mundo.
Hoy la Región de Murcia observa aterrorizada la estampa que nos dejaban hace unos días varias playas del Mar Menor.
La democracia es un término tan bello, tan moralmente elevado, que su mera mención hace querer remangarse las enaguas y coger la balloneta para defenderlo. Eso ha debido de pensar la socialista Adriana Lastra al anunciar que cualquier sospechoso de haber gritado en público eso de “Viva Franco” o, lo que es lo mismo, de hacer apología del franquismo, estará cometiendo un delito. Tal ha sido la democrática medida que la señora Lastra ha anunciado, la de querer reformar nuestro Código Penal para que ningún malandrín salga impune. Lo que no me ha quedado del todo claro es si el delincuente será ajusticiado al amanecer al son de la Internacional.
De la frontera de Marruecos con España por el Tarajal se puede decir que es el mayor exponente de fracaso político crónico entre países vecinos. Si a eso le añadimos el carácter de socio preferente que tiene el país alauita, el desencuentro actual toma mayor dimensión.