Viernes, dos de la tarde. Una nube de incertidumbre y resignación se cierne sobre la ciudad. Los honrados y pardillos ciudadanos que cumplimos con las restricciones, nos gusten más o menos, suspiramos por no poder hacer una escapadita de fin de semana a Chiclana o a Málaga. A cambio, intentamos disfrutar de nuestra tierra, de nuestros bares, de nuestros montes, de nuestro litoral que, oigan, tampoco son moco de pavo.
