Cinco años después de aquellas imágenes que dejaron a Ceuta marcada para siempre, la sensación en la ciudad sigue siendo la misma: abandono. Da igual el color político del Gobierno de turno o las promesas lanzadas desde Madrid cada vez que la presión migratoria aprieta. La frontera continúa transmitiendo fragilidad y los ceutíes tienen la impresión de que, cuando pasa la tormenta mediática, Ceuta vuelve a quedar sola.