Después de más de dos años de espera, España y Marruecos parecen estar dando los últimos pasos para abrir la aduana comercial en la frontera de Ceuta. Una noticia que, a primera vista, debería celebrarse, ya que representa un avance económico y logístico para una ciudad que necesita con urgencia fortalecer su comercio. Pero, ¿realmente estamos en condiciones de brindar un aplauso sin saber en qué términos se está negociando esta apertura? La experiencia nos dice que, con Marruecos, hay que andar con pies de plomo.