En los últimos meses, Ceuta ha visto cómo el número de menores no acompañados que llegan a sus costas crece de manera alarmante. No se trata solo de cifras: hablamos de niños y adolescentes que, muchas veces, llegan agotados, asustados y sin referentes adultos. La ciudad, pequeña pero vibrante, siente esta presión en todos los rincones: escuelas, centros de acogida, servicios sociales… la capacidad está cerca del límite.