Caminar por Ceuta empieza a dar asco y miedo a partes iguales. Asco por la desfachatez con la que desde los despachos oficiales se sigue vendiendo un espejismo de estabilidad, y miedo porque el silencio de las calles ya tiene el peso de un velatorio. No hace falta esperar al parte de defunción: el tejido económico de esta ciudad no está en crisis, está siendo liquidado a plena luz del día ante la mirada estúpida y cómplice de quienes cobran un sueldo público por no mover un solo dedo.