Ante todo me gustaría recalcar que por la profesión que desempeño en la actualidad, docente, trato con el máximo respeto lo relacionado con la educación en Ceuta. Basto erial donde yace desterrada la esperanza. Pero cuando más de un compañero o compañera te relata determinadas actuaciones por parte de personas que allí desempeñan su trabajo, ¡cómo nosotras hacemos en institutos y colegios! te entra cierta desazón que termina convirtiéndose en sensación de injusticia.
