Hay momentos en los que un país tiene que dejar de limitarse a protestar y empezar a demostrar que también sabe poner límites. Si Marruecos decide tensar la relación con España, utilizar la presión fronteriza o cuestionar una y otra vez la españolidad de Ceuta y Melilla, España debería responder con firmeza y con todas las herramientas diplomáticas y económicas que tenga a su alcance. Porque una relación de buena vecindad no puede convertirse en un cheque en blanco ni en una vía de sentido único.
