Los empresarios de Ceuta y Melilla llevan meses alzando la voz, y con razón. La opacidad que rodea a la aduana comercial, esa que debería garantizar un flujo ordenado y transparente de mercancías entre España y Marruecos, no hace más que generar incertidumbre y desconfianza. ¿Cómo se puede hablar de acuerdos bilaterales cuando una de las partes, en este caso Marruecos, parece jugar con cartas marcadas? La realidad es que el rey Mohamed VI actúa como si las reglas estuvieran hechas a su conveniencia, mientras nuestro Gobierno se limita a mirar hacia otro lado.
