Un país que se deja pisotear
Un país que se deja pisotear
Hace diez años me arrojé al mar en el espigón de Benzú.
Dos realidades a las que hay que enfrentarse/confrontarse, la muerte de los más próximos/cercanos, los que has formado uña-carne contigo, y, la muerte de ti mismo o de tu mismo.
Dejamos de preguntar cuándo ocurriría. Ya ocurrió.
Hay momentos en la historia de una democracia en los que el silencio cómplice se convierte en traición cívica. España vive uno de esos momentos. No estamos ante casos aislados de corrupción. Estamos ante un patrón sistemático de apropiación del Estado, de instrumentalización de las instituciones y de blindaje del poder que debería avergonzar a cualquier demócrata, vote a quien vote.