Condena rotunda, contundente y sin paliativos, ante los crímenes terroristas execrables de París. Francia no se merece lo que está sucediendo. Siempre ha tenido la puerta abierta a la acogida. Cientos de miles de inmigrantes están desarrollando allí su vida. Muchos suceden en varias generaciones a sus predecesores familiares, con la posesión plena de la nacionalidad francesa.
