Considero que soy de esas maestras que opina, que mandar tantos deberes para casa no hace que un niño o una niña saque mejores o peores calificaciones o rentabilice mejor sus estudios. Al contrario, soy de las que manda lo justo y necesario para poder repasar en casa los conceptos que hemos trabajado en el aula ese día. Es cierto que el gran problema de la educación no puede limitarse exclusivamente al trabajo excesivo que debe realizar el alumnado en su “tercer tiempo pedagógico”, sin embargo, mantengo que el exceso de deberes sí puede serlo, ya que no podemos hacer que nuestros niños y niñas, sin apenas haber tenido tiempo a quitarse la mochila al llegar a casa, tengan que sentarse a hacer la tarea, pasando toda la tarde preparando exámenes, haciendo ejercicios de o leyendo libros en un tiempo récord, dejando de lado el tiempo para jugar, una necesidad de exploración a sí mismo y al entorno que le rodea esencial para un crecimiento personal, o lo que es lo mismo: para esos aprendizajes transversales acerca de la vida que ni siquiera podrían ser ubicados en un materia específica.