Quien decide entrar en política debe ser consciente de que su situación va a cambiar. Dejará de ser un simple sujeto particular con un ámbito privado de actuación, y pasará a tener una figura pública que debe ser un referente ético, una figura en la que las sombras de sospecha no tienen cabida, en la que el ejercicio del poder que va a ostentar representando al pueblo no puede soportar sospechas de ningún tipo. Y esa carga debe ser aceptada y actuar en consecuencia cuando se rompa la confianza de los ciudadanos. O así debería ser.
