Las personas no deberíamos exigir de nuestros semejantes aquello que nosotros mismos no estamos dispuestos a dar. “Cuando esperéis algo de vuestro prójimo, que él debe hacer para vuestro beneficio, haceos la pregunta: ¿por qué no lo hago yo mismo? Quien por ejemplo espera de su prójimo dinero y bienes para que él mismo, que está en la comodidad, no tenga que trabajar, o quien espera fidelidad de su prójimo sin ser el mismo fiel, o quien aunque desea ser aceptado y acogido por su prójimo, no acepta ni acoge él mismo a sus semejantes, ése es egocéntrico y pobre en el espíritu”.
